(1887-1973) Poeta y abogado. Nació y falleció en Mérida, aunque en su antología de poetas yucatecos, La voz ante el espejo, el crítico Rubén Reyes dice que nació en Timucuy y falleció en la Ciudad de México. En el ejercicio de su profesión, desempeñó el cargo de juez de distrito en Mérida, Villahermosa y Veracruz, y otros puestos en la judicatura federal. Perteneció al Partido Liberal Constitucionalista y por circunstancias políticas tuvo que exiliarse. Unido a un grupo de jóvenes con inquietud literaria, fundó la Sociedad Lord Byron, que editó la revista Artes y Letras (1905-1911). Colaboró con la “Revista de Yucatán” y “Diario de Yucatán”. Entre sus numerosos poemas pueden mencionarse: “Reías”, “Anhelos”, “Una flor, un beso y una lágrima”, “Hermano”, “Entre dos años”, “Resurrectio”, “A la augusta memoria del extinto y genial poeta José Peón Contreras”, y “Mérida”; este último mereció en 1927 la Flor Natural de los VI Juegos Florales celebrados en esa ciudad. Publicó también los libros Corona (1906), dedicado a la muerte de su hermana; Emocionario (1911), con prólogo de José Inés Novelo y Ruta sobre la piedra (1947), con carta prólogo de Ricardo López Méndez e ilustraciones de Fernando Castro Pacheco[1].
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SELECCIÓN DE ANTOLOGÍA DE POETAS DE YUCATÁN[2]
EN LA SENDA DESOLADA
En el interminable cansancio del camino,
voy con mi amor a cuestas, ensangrentando abrojos
que sembró la implacable mano de mi destino…
(¡Si al final del camino me esperasen sus ojos!).
Abrasados mis labios, que no saben del vino,
en el vasto horizonte no columbro la roca
que a mi conjuro vierta manantial cristalino…
(¡Si al final del camino me esperase su boca!).
Y así vivo: muriendo de amor, sed y fatiga,
sin la boca y los ojos de mi anhelada amiga…
¡Oh, sus ojos, su boca! ¡Oh mi luz y mi vino!
Así es siempre la vida: triste y amarga… ¡y poca!
¡Y si, al menos, pudiesen al final del camino
esperarme sus ojos, esperarme su boca!
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RUTA DE ILUSIÓN
Nada mis pasos urge, ni la inquietud me embarga;
camino por mi ruta sin desesperación.
¿Qué la vida no es buena? ¿Qué la vida es amarga?
Yo, sereno, prosigo la peregrinación.
Jamás sentí deseo de aligerar la carga;
¿para qué, si con ella se templa el corazón?
Para cuando la rúa parece un poco larga,
saben cantar mis labios una dulce canción.
Mas si el agrio camino mi coraje no mella,
es que hay algo que espero y es mi ilusión no más:
amanecer, un día feliz, en otra estrella,
hermoso y fuerte, como nunca fui, que quizás
allá estará aguardándome, dulce y amante, aquella
a quien busqué en la vida sin hallarla jamás…
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LUNA DE MIEL
Desde las blancas lonas de la lírica tienda,
mi soledad atisba por la llanura en flor,
y os ve pasar, dichosos, por la encantada senda
que abriera a vuestros pasos, solícito, el amor.
Serenos y confiados, sin nada que os defienda
de traicionera muerte, ni de acerbo dolor,
marcháis los dos, ajenos a la feral contienda
que a diario libra el hombre con el hombre traidor.
Mas mi cariño advierte que vuestro amor es fuerte
y podrá preservaros del dolor y la muerte…
-¡Oh, quién amar pudiera como os amáis los dos!-
y, con un leve asomo de emoción, os bendigo,
mientras, solemne, alzando la diestra mano, os digo:
¡Amigos, con vosotros sea la paz de Dios!
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NOCHEBUENA
Esta noche es Nochebuena
para aquel que tiene un nido
y un corazón que lo entibie
y un pan y un vaso de vino,
mas para mí ¡ay de mí!
que estoy solo y tengo frío,
porque ella… -no hablemos de ella,
que me muero de su olvido-
la Nochebuena no es buena:
tengo pan y tengo vino,
mas tengo el alma muy triste
y el corazón aterido.
Está abierta mi ventana;
hay gentes por el camino,
buenas gentes que no saben
de soledad ni de frío…
Sobre la mesa está intacto
mi pan, intacto mi vino.
¿Para qué me sirven, si
lo que me falta es cariño?
Estoy solo; junto a mí
está su sitio vacío,
y tengo el alma muy triste
y el corazón aterido…
Esta noche es Nochebuena
para aquel que tiene un nido
y un corazón que lo entibie
y un pan y un vaso de vino…
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ODRE ANTIGUO
Apenas un como rumor de fiesta
de cigarras se escucha por instantes;
plena quietud; las brisas susurrantes
se han dormido en la paz de la floresta.
Un joven fauno de nerviosa testa,
bronco belfo y nariz de alas vibrantes,
sufre, cabe las frondas lujuriantes,
los cálidos rigores de la siesta.
Y, al ver que en el cristal de fresca linfa
baña su desnudez hermosa ninfa
de contornos gentiles y soberbios,
el fauno curva su velludo torso
bajo el dolor de un increíble escorzo
y en violento vibrar rompen sus nervios…
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LA ÚLTIMA ORGÍA DE PETRONIO[3]
Petronio va a morir: clara la frente,
risueño el labio y el mirar sereno,
coronada de rosas la cabeza,
digno de dioses el perfil helénico,
diríanse las líneas de su rostro
esculpidas en mármol del Pentélico.
Eunice junto a él; la bella esclava
le contempla con dulce arrobamiento,
y amor le brinda en sus carmíneos labios,
le brinda amor en el turgente pecho,
y ardiente amor en sus nevadas carnes,
y amor también en su mirar de cielo
Por doquier los rodean sus amigos
de locura y placer y desenfreno,
exornadas de pámpanos las sienes,
abrasadas las carnes en deseos,
palpitantes los labios pecadores,
de vino ansiosos y de amor sedientos.
Tocadores de cítaras y flautas
y liras y laúdes y salterios
prepáranse a arrancar las armonías
de sus dulces, sonoros instrumentos.
Delicados perfumes orientales
humean en los áureos pebeteros,
y una lluvia magnífica de flores,
que cae sobre el rico pavimento,
vuelve el triclinio floreciente campo
de anémonas y lirios y asfódelos,
extendiendo a las plantas juveniles
tupida alfombra de irisados pétalos…
……………………………………………
Petronio extiende su desnudo brazo
con un gesto viril, y esclavo trémulo
se acerca y corta las preclaras venas,
salta la sangre y empurpura el suelo:
entonces irgue la orgullosa testa
Petronio, y dice con seguro acento,
poniendo en alto la murrina copa,
en tanto que las notas del concierto
se confunden en trémolo sonoro
con el himno estallante de los besos:
-¡Bello es morir cuando se muere joven!
Llena, esclavo, mi copa de falerno,
pues quisiera que Thánatos me encuentre
bebiendo vino y recitando versos;
alzad, amigos, vuestras áureas copas,
libad, amigos, porque el vino es bueno,
y aquesta vida desaparece pronto
como el suave perfume del incienso…
Y tú, gentil Eunice, mi Afrodita,
desviste el blanco y pudoroso peplo,
y haz que ondulen tus rítmicas caderas
á compás de la lira de mis nervios.
¡Yo quisiera sentir en mi agonía
que me envuelve la llama del deseo,
y consume mis carnes moribundas
de ardiente amor, abrasador incendio!
¡Yo quisiera estrechar tus desnudeces!
Acerca, Eunice, tu nevado cuerpo,
ese cálido cuerpo en que los dioses
sangre de rosas derramar quisieron.
Ven, ¡oh! divina, a mis abiertos brazos;
¡que hermosa estás así! Tus albos senos
son como copos de brillante espuma,
tintos de vino en el pezón erecto.
Tu peinado deshaz; deja que caiga
el copioso raudal de tus cabellos
y que me envuelva con sus rizos de oro;
en su dorado mar, ahogarme quiero!...
………………………………………….
Dijo el patricio, y la postrera nota
murió por siempre entre sus labios trémulos…
Entonces, entre risas y entre flores,
ruido de copas y rumor de besos,
alzándose en tropel los comensales
brindaron por Petronio en áureos versos,
mientras de Eunice en los azules ojos
brotó una acerba lágrima de fuego
que, rodando en la pálida mejilla,
quedó temblando en el redondo seno…
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Crítica Literaria
“No vacilamos en afirmar que de todos los que formaron la “gente de casa” de Arte y Letras fue Covián Zavala, pese a su juventud, el más significado por su intuición poética, y el más prometedor por sus realizaciones. De aquel grupo (…) sobresale por su delicadeza y por la novedad de su expresión, exenta de adjetivos vulgares y manidos (…) Emocionario, su libro, es una deliciosa miniatura (36 páginas), un misal de bolsillo que contiene áticas y encantadoras oraciones paganas (…) Todo en él es grato al espíritu, siempre dentro de ese aroma de sensualidad que se desprende de sus páginas, como de un pebetero venusino, pero, naturalmente, muy lejos de la elegante crudeza de un Caro Victrix de Rebolledo, antes bien, tan discreto, tan tenue, que sólo una pituitaria intransigente, como la del poeta D. Ramón Aldana Santamaría, pudo encontrar acre y censurable (…) Tiene asimismo obra inédita bastante para reunir un segundo volumen de su obra lírica, de la misma calidad suprema que la anterior, y, desde luego, más acendrada y pura, por más que no encontramos impurezas sino muy ligeras, verdaderas lascas, a todo lo largo de su producción poética (Enciclopedia Yucatanense, Segunda Edición. Tomo V. Gobierno de Yucatán. México, 1977. Pp.534-537).
[1] Diccionario de escritores de Yucatán. Peniche Barrera, Roldán y Gaspar Gómez Chacón. Compañía Editorial de la Península, S.A de C.V. México, 2003. P. 53.
[2] Antología de Poetas de Yucatán. Selección de José Esquivel Pren y Filiberto Burgos Jiménez. Tomo III, Nº 1. Nueva Cultura. México, 1946. Pp. 98-102.
[3] Enciclopedia Yucatanense, Segunda Edición. Tomo V. Gobierno de Yucatán. México, 1977. Pp.803-805.